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Entrevista

Anna Mercadé i Ferrando es presidenta del lobby 50 a 50 y directora del Observatori de la Dona, Empresa i Economia (ODEE) de la Cámara de Comercio de Barcelona Asesora reconocida por la Unión Europea para la creación de empresas de mujeres y para las habilidades femeninas de dirección. Hace más de 20 años que se dedica a orientar y a formar mujeres en su proyecto profesional y de vida. Hablamos con ella sobre su trayectoria en la lucha feminista y para que nos haga una radiografía de cuál es el papel actual de la mujer en los cargos directivos y de responsabilidad en España. 

Tus inicios como mujer comprometida con la igualdad de género los conocemos a partir de 1988 con la creación del Centro Técnico de la Mujer, pero en realidad ¿desde cuándo te mueve la lucha feminista. ¿Crees que se nace así o te haces con el tiempo? 

Mis inicios como mujer comprometida comienzan con la lucha feminista desde 1972 -1973. Con la organización de vocalías y de asociaciones de mujeres hasta el 1976 con la organización de las Jornadas Catalanas de la Mujer y luego la Asociación Catalana de la Mujer. 

En 1988 creé el Centro Técnico de la Mujer (CTD). 

De hecho, fue en 1986 cuando me ofrecieron un trabajo en el Ayuntamiento de Badalona para ayudar a paliar el paro de las mujeres. Allí ya hice el primer programa para orientar a mujeres trabajadoras en paro hacia oficios no feminizados. Con la colaboración del INEM hicimos un proyecto para 250 mujeres. 

La situación entonces era muy problemática para las mujeres. No había políticas activas, salíamos del régimen franquista donde las mujeres eran amas de casa, y estábamos en una crisis industrial y laboral profunda. La mayoría eran parados de larga duración eran mujeres. 

Las formábamos para jardineras, camioneras, cuidadores de parques y jardines… Para luego entrar en planes ocupacionales del Ayuntamiento y el INEM. 

También creé con otra amiga el Centro Joan Peiró de Formación Ocupacional. En ese momento vi claro que el problema principal de las mujeres era tener derecho a un puesto de trabajo para ser independiente económicamente. Y, por lo tanto, se necesitaba la creación inmediata de un centro dedicado a esto. 

El CTD fue pionero en toda Europa con los primeros programas europeos sobre Orientación Profesional y Formación ocupacional dirigido especialmente a mujeres y a oficios no femeninos: Nuevas tecnologías, Creación de empresas, Retravailler, Organización de Congresos, etc.

¿Existe algún motivo que te marcara o condujera hacia la lucha feminista?

Soy feminista desde que nací. Era observadora y rebelde. Me importaba mucho todo lo que pasaba a mi alrededor y no estaba de acuerdo con muchas cosas. Enseguida vi que el dinero te daba independencia, estatus y autoridad y estar todo el día en casa criando hijos, NO. 

Después con el tiempo vas viendo que ellos tienen muchos privilegios y ellas cabeza. 

Yo vengo de la España franquista y socialmente católica, la situación era deprimente para las mujeres. 

La mujer no tenía derechos, no podía poner un negocio, no era mayor de edad hasta los 23 años, esto quería decir que no podía hacer nada sin el consentimiento del padre o del marido. Algo tan simple hoy en día como abrir una cuenta corriente era impensable para una mujer. Además, la iglesia católica prohibía los anticonceptivos y esto se traducía en no poder tener el control de natalidad. 

Así que, si eras inteligente y con espíritu crítico, no tenías más remedio que ser feminista, porque ser feminista es una actitud en la vida, una manera de posicionarte ante la vida. 

Ahora es igual, las mujeres se vuelven feministas a través de las experiencias vividas, de las desigualdades flagrantes que viven y los abusos de poder que ven en su entorno. 

El CTD fue pionero en toda Europa con los primeros programas europeos sobre Orientación Profesional y Formación ocupacional dirigido especialmente a mujeres y a oficios no femeninos: Nuevas tecnologías, Creación de empresas, Retravailler, Organización de Congresos, etc

¿Cuál es la evolución que ha vivido el papel de la mujer? 

En los últimos veinte años las mujeres han accedido a casi todas las carreras y oficios y se han preparado muy bien para conseguir la igualdad de oportunidades, lograr carreras profesionales buenas y la independencia económica. Estaban convencidas de que la igualdad legal les daba la igualdad real, pero han visto, mejor dicho, hemos visto, que no era así. 

En los últimos 20 años las mujeres se han preparado y representan más del 60% de licenciadas, obteniendo los mejores expedientes académicos. Ahora bien, cuando han entrado en el mercado de trabajo han visto que todo era un espejismo. Existe una segregación horizontal (profesiones y oficios feminizados y desvalorizados económica y socialmente), y también una segregación vertical y techo de vidrio. Hay una importante brecha salarial, también una brecha digital. Y, como no, normas y leyes no escritas que las marginan absolutamente del poder económico y profesional. 

Sin embargo, ellas son en un 65% las que hacen funcionar las empresas. Gestionan y dirigen igual o mejor que los hombres. 

Hemos conseguimos la Ley de Igualdad efectiva (7/14) aprobada por todos los partidos políticos, pero también es un espejismo… es papel mojado. 

En los últimos 12 años que he estado al frente del Observatori Dona, Empresa i Economia (ODEE) hemos asistido a un estallido de la toma de conciencia de las mujeres profesionales, emprendedoras, empresarias y trabajadoras. Hemos puesto en la agenda política los temas más candentes de la desigualdad. 

¿Qué te llevó a impulsar el lobby 50 a 50?   

Un grupo de empresarias y directivas del Consejo de Consejeras del ODEE vimos que teníamos que independizarnos de la Cámara de Comercio de Barcelona, a la que pertenece el ODEE. 

El objetivo de la Asociación es lograr el Objetivo Quinto de los ODS de la Agenda de 2030: un 50% de mujeres en todos los puestos de decisión. Tal y como dicen en los ODS sólo si hay un 50% de mujeres en todos los lugares de decisión conseguiremos los otros objetivos (la paz, erradicar la miseria y el hambre, salvar el Planeta, etc.). 

Nuestra lucha es constante y diaria, como una gota malaya. Tomar conciencia nosotros y concienciar a la sociedad y poner sistemáticamente sobre la mesa y en la agenda de los políticos el tema de la paridad. Porque lo dice la Ley, porque es de justicia, porque es la Agenda de NNUU y porque la sociedad lo necesita urgentemente. Queremos un liderazgo compartido y una sociedad democrática verdaderamente. 

La única manera de conseguirlo es haciendo lobby y presionando, que quiere decir apretando a los políticos, a la Administración Pública, a las empresas y a todas las instituciones. 

En muchos sectores profesionales como el periodismo o la educación, las mujeres son mayoría, pero luego, en estas mismas empresas llenas de mujeres trabajadoras, las que ocupan cargos directivos son muy pocas. ¿Qué pasa? 

Porque hay una sociedad patriarcal que aún no ha cambiado las estructuras masculinas y patriarcales centenarias. 

Las empresas y las organizaciones están creadas por hombres y según sus intereses, al margen del verdadero funcionamiento de la vida, de la sociedad, del trabajo de cuidados y de las personas y de la infancia. 

Por otro lado, en Cataluña tenemos una cultura empresarial obsoleta y masculina llena de privilegios para las élites que mandan y que no quieren dejar los puestos de mando. Una cultura y un liderazgo patriarcal, piramidal, basado en su especial meritocracia masculina que valora más el ser hombres que ser efectivo y eficiente, valora más la presencia y la disponibilidad que la eficiencia. 

¿Qué valores importantes consideras que aportan las mujeres en la gestión de una empresa? 

Aportan una manera de hacer y de dirigir diferente. Competencias personales y sociales muy buenas para trabajar en equipo, para crear entornos inteligentes eficaces y eficientes. 

Son agentes del cambio en las organizaciones. Son las mejores organizadoras de los tiempos y los importa más los resultados que el figurar, el ego y el estatus. Aportan comprensión, empatía, equidad y son muy buenas estrategas y grandes negociadoras, miran más el interés colectivo que la cuenta de resultados y, con ello, hacen que a su alrededor se generen sinergias que generan grandes beneficios económicos a sus empresas. 

Todos los estudios de la Universidad de Harvard, el McKinsey, entre otros, nos dicen que las empresas donde hay más mujeres en los puestos de decisión van mejor, son más rentables y duraderas y aportan grandes valores, por lo tanto, esta debería ser la tendencia. 

Existe una mejora constatada del papel de la mujer en el trabajo y en la sociedad, pero ¿hasta qué punto ha cambiado en los últimos cuarenta años en este país?  

Si nos guiamos por los resultados y por las expectativas que teníamos las que luchamos por la igualdad y la equidad ha cambiado poco. Más la superficialidad que el fondo. Todos los estudios que hemos hecho nos demuestran cómo las mujeres llevan el peso de todas las tareas domésticas, de cuidados de los dependientes y de las criaturas, y como la maternidad hoy es un impedimento para ser independiente económicamente y aboca a las mujeres a la pobreza y la dependencia. 

Respecto a los países más avanzados, ¿cómo ve España en cuestiones como la incorporación de la mujer al trabajo, la igualdad de género o las políticas de conciliación? 

Nos llevan muchos años de ventaja. En los países nórdicos, las mujeres llevan muchos años luchando. 

Yo ya hace años que no quiero hablar de conciliación porque sé que es una palabra trampa. Tenemos que hablar de corresponsabilidad que tenemos todas y todos, la Administración Pública, los políticos y las empresas para el cuidado de las personas. 

Aquí en España aún no se han hecho los cambios estructurales de la sociedad patriarcal que sí se hicieron en los países nórdicos después de la Segunda Guerra Mundial: corresponsabilidad en todas las tareas de cuidados, horarios, servicios personales, escuelas cuna, bajas maternales y paternales retribuidas, etc. y, sobre todo, cambios culturales. 

¿Cuáles son las competencias más valoradas por las empresas? ¿Existen perfiles por sexo? 

Las competencias más valoradas hoy por las empresas son precisamente las que tienen de manera innata las mujeres y por haberlas desarrollado y cultivado durante todo el proceso de socialización. 

Son las competencias personales, sociales, comunicativas, estratégicas de mirar a largo plazo y de estar muy conectadas con el consumo, porque son las que deciden el 75% de las compras.  

¿Cómo ve el mundo de la empresa y la mujer en diez años? 

El liderazgo en clave masculina que hoy dirige las empresas, las administraciones y la política está absolutamente obsoleto y perjudica el avance y el progreso de la humanidad. 

Hacen falta unos cambios profundos como nos marcan los ODS de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para salvar el planeta y la humanidad y este cambio solo será posible con un cambio de liderazgo. 

Todos los estudios de la Universidad de Harvard, el McKinsey, entre otros, nos dicen que las empresas donde hay más mujeres en los puestos de decisión van mejor, son más rentables y duraderas y aportan grandes valores, por lo tanto, esta debería ser la tendencia. 

Las nuevas tecnologías son el gran reto y a la vez es la brecha más importante, donde hay pocas mujeres y son ellas las que podrían aportar la ética y los valores para que sean instrumentos para mejorar la vida y conservarla en todos los sentidos y no para perjudicarnos. 

Anna Mercadé i Ferrando es presidenta del lobby 50 a 50 y directora del Observatori de la Dona, Empresa i Economia (ODEE) de la Cámara de Comercio de Barcelona Asesora reconocida por la Unión Europea para la creación de empresas de mujeres y para las habilidades femeninas de dirección. Hace más de 20 años que se dedica a orientar y a formar mujeres en su proyecto profesional y de vida. Hablamos con ella sobre su trayectoria en la lucha feminista y para que nos haga una radiografía de cuál es el papel actual de