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¿Cómo se distribuyen las tareas domésticas? ¿Cuánto valen? ¿Por qué siempre reacen en la mujer?

El trabajo doméstico es aquel trabajo perteneciente o relativo a la casa u hogar. Es decir, todas las tareas que nos conlleva el hecho de vivir en nuestra casa: limpiar las estancias, lavar la ropa y los platos, ordenar las habitaciones, cocinar, comprar… a estas tareas domésticas se puede sumar el hecho de tener cuidado de los hijos e hijas: llevarlos a la escuela, comprarles ropa, ayudarlos a hacer los deberes… 

Tradicionalmente, todo este trabajo ha recaído en la mujer. Esto ha hecho que, históricamente, las mujeres tuvieran más dificultades para entrar en el mercado laboral, ya que no se consideraba que fueran “aptas” para los empleos.  

Centrándonos ya en la actualidad, las tareas del hogar siguen recayendo en las mujeres, lo cual les impide poder invertir ese tiempo en otras actividades (ocio, formación…), así como conciliar mejor la vida familiar y laboral. Las tareas domésticas son percibidas por las mujeres como uno de los principales obstáculos a los que se enfrentan para acceder a puestos de liderazgo.  

El valor real del trabajo doméstico 

Marta Domínguez Folgueras, del Departamento de Sociología del Instituto de Estudios Políticos de París elaboró un estudio para el Observatorio Social de “La Caixa”; en dicho estudio, se analiza el valor del trabajo doméstico, así como su aportación al PIB estatal.

El Producto Interior Bruto (PIB) es uno de los principales indicadores de la economía de un país, utilizado normalmente para comparar el nivel de desarrollo del país. No obstante, no incluye las actividades realizadas por los miembros del hogar, porque estas “no se intercambian en el mercado”.  

El coste económico de estas actividades se estima “calculando el tiempo que los miembros del hogar invierten en las tareas domésticas y multiplicando este tiempo por el salario neto que se pagaría a una persona externa por hacerlas (8,09 euros por hora)”. Con esta fórmula, el resultado final es de 426.372 millones de euros, “lo que supone un 40,77% del PIB”.  

“El valor del trabajo doméstico supondría un 40,77% del PIB español” 

Sin embargo, el trabajo doméstico no se reparte de forma igualitaria (o equitativa) entre hombres y mujeres. Como ya sabemos, son éstas últimas las que, en la gran mayoría de casos, cargan solas con esta labor no remunerada aun teniendo pareja, hijos y trabajo.  

Como se muestra en el estudio, prácticamente el 70% de las tareas domésticas recaen sobre las mujeres. “Las mujeres aportan un 62% del cuidado, un 68% a la limpieza y el mantenimiento de la casa, un 70% a la preparación de alimentos y un 82% al cuidado de la ropa, la tarea más feminizada en proporción”. El trabajo invisible que realizan las mujeres representaría un 26,24% del PIB.  

Los hombres no utilizan las medidas de conciliación laboral y familiar 

Otro estudio elaborado por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) demuestra que los hombres, además, no optan por las medidas que ofrecen las empresas para conciliar la vida laboral y familiar una vez acabado el periodo de baja por paternidad.  

Un 37,7% de las mujeres solicitó alguna de estas medidas el pasado año, mientras que el porcentaje de hombres que lo hicieron es notablemente inferior: tan solo un 4,9%.  

Las medidas que permiten conciliar la vida laboral y familiar una vez acabada la baja por maternidad o paternidad son muchas, siendo las más populares una reducción de jornada, trabajar a tiempo parcial, solicitar mayor flexibilidad horaria o un cambio de turno. Sin embargo, el 54,4% de los hombres participantes en el estudio señalaron que en sus empresas se considera “más natural que una madre solicite una medida de conciliación que el que lo haga un padre”. También señalaron que, aunque la empresa disponga de estas medidas, “en la práctica muchos padres varones tienen la percepción de que su capacidad para usarlas libremente está limitada”.  

“Tan solo un 4,9% de los hombres asalariados en 2018 solicitó medidas de conciliación laboral y familiar” 

¿Cómo deben distribuirse las tareas domésticas para no perpetuar los roles de género? 

Los roles de género, los estereotipos y la historia, de la que las mujeres son participes desde hace relativamente poco, son los principales causantes de que a día de hoy las mujeres sigamos cargando con el peso de las tareas domésticas, el de nuestro trabajo y el del cuidado de los hijos.  

El principal problema es que no se ha educado lo suficiente a la sociedad para que esta comprenda que una casa y una familia (a menos de ser madres o padres solteras/os) es una cosa compartida, por lo que no es justo que una parte de la pareja tenga que hacerse cargo de todo o casi todo. Además, las mujeres seguimos estando muy presionadas por esta misma sociedad para “conseguir llegar a todo”: trabajar, ser una buena madre, tener tiempo para nosotras, formarnos…  

Clair Cain Miller escribió para The New York Times que la desigualdad de género actual empieza, sobre todo, en las tareas de la casa. Señala que, aunque esta brecha se está cerrando, las niñas todavía dedican algo más tiempo que los niños a las tareas domésticas.  además, incluso en el trabajo doméstico, existen tareas masculinas y femeninas: los niños desempañan normalmente las tareas del hogar en el exterior (cortar el césped, lavar el coche, sacar la basura…), mientras que las niñas las realizan en el interior (cocinar, limpiar, lavar ropa…).

No obstante, Miller explica que esta brecha se iguala poco a poco, con un augmento del tiempo que dedican los niños al trabajo doméstico, y una disminución del de las niñas. En las parejas donde ambos padres trabajan, el trabajo doméstico está (por lo general) mejor repartido, y esto se ve reflejado en el trabajo que desempeñan los niños independientemente de su sexo.  

La importancia de educar las futuras generaciones en la igualdad 

Es importante que los padres y madres analicen la situación que se vive en casa. ¿Uno de los dos trabaja más horas? ¿Quién cocina normalmente? ¿Se compensa el trabajo doméstico? Y, sobre todo, ¿inculcamos a nuestros hijos que deben trabajar el hogar, independientemente de su género? 

Debemos respondernos a estas preguntas si queremos educar a nuestros hijos e hijas en valores de igualdad y equidad. Así, en un futuro, nuestra hija podrá dedicar más tiempo a sí misma y menos a la casa, y nuestro hijo podrá disfrutar de los mismos permisos que las mujeres para cuidar de sus retoños sin ser juzgado por su empresa y compañeros.  

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